domingo, 2 de diciembre de 2018

La Era de Quetzalcóatl

© Isis Estrada, 1986.


Tengo la piel morena, legado de la raza que me dio la vida. Y llevo en mis actos el arrojo heredado de mis antepasados.

Hoy es el día. Hoy es el día en que mi raza dejará de llorar lágrimas de sangre. Porque llevo en mí recuerdos vagos de un imperio glorioso. Siento nostalgia, pero no seré como los ancianos, que sólo suspiran y callan.

¡Hoy es el día! ¡Hoy es el día en que mi raza dejará de llorar lágrimas de sangre! 

Porque me curtieron las ácidas lágrimas del indio, el ruido estrepitoso de lo que se derrumba y el grito del quetzal pisoteado. He bebido como cáliz la sangre que se ha vertido y llevo como única arma el valor añejo de mi raza indígena.

Hoy me deshago de cadenas de siglos y salgo de un delirio de oscuridad.

¡Tezcatlipoca, da por terminado el último de tus nueve infiernos! Bajo tu mandato, mi raza ha permanecido hundida en la ruina y destrucción. Creíste que tu mundo sería eterno, pero...

¡El quetzal entona ahora un canto guerrero! Renace y se alza con ímpetu majestuoso, retomando el vuelo, y dando vida nueva a todo lo que estaba inerte; a mi raza que yacía inerte.

¡Hoy es el día en que mi raza no llorará más!

Quetzalcóatl, extiende tu plumaje y arrastra tu cuerpo por este cielo tinto de sangre. Llénanos de Teyolia, de fuerza de vida, de energía.

¡Tezcatlipoca, esconde tu rostro, porque hoy comienza la era de Quetzalcóatl!


lunes, 26 de noviembre de 2018

¿Dónde?

© Isis Estrada, 1988.

¿Dónde ha estado Dios últimamente? ¿dónde?, que la guerra ha estallado sin permiso. ¿Dónde?, que ya ha muerto rezando, el más sumiso, y la humanidad se autoconsume lentamente.

¿Acaso estaba Dios en la batalla? ¿Pudo observar el brillo sádico en los ojos del soldado? ¿Pudo ver el estertor mortal del moribundo? No, no estaba. Entonces menos que nunca. No pudo mirar al pobre anciano que, rosario en mano, clamaba protección al Padre de los Cielos. No pudo ver, después de la barbarie, un crucifijo roto clavado al suelo.

¡Demasiada sangre derramada! ¡Tanta necedad, tanta intolerancia! Al final de cuentas, la Señora Codicia siempre es la que gana, y reparte su botín con el Ilustre Señor Nuestro Monarca.

¿Dónde ha estado Dios últimamente? ¿Es que acaso está sordo ya su oído? ¿No escuchó el gemido del herido en la contienda?, que no tiene más óleos que el ruido de la metralla, y por sepultura tiene un campo de batalla. Quizás escuchó los gritos de victoria de la escuadra triunfante. Que cada soldado lleve por condecoración un puñado de cabezas, y por alfombras de honor, ríos de sangre.

¿Acaso estuvo Dios en Hiroshima? ¿Acaso estuvo Dios en Nagasaki? ¿Escucharía el ensordecedor tronido? ¿Su omnipotencia no pudo detener las lenguas de fuego? Quizás, cuando pudo darse cuenta, formábase ya el hongo gigantesco.

¡Paz! Lanzaré mi grito de tres letras, dondequiera que te encuentres. ¡Paz! En nombre de ciudades devastadas, en contra de los crueles tiranos y pagados atosigadores.

¡Paz! En nombre de la carne lacerada, en nombre de centenares de muertos, de aquellos cuyas bocas ya no hablan, de aquellos que se han vuelto polvo y nada.

¡Dios, escúchanos! y detén el dedo índice que señala y ordena la masacre.

¡Dios, escúchanos! y derroca el poder que construye palacios sobre cadáveres de miserables.

¡Dios, escúchanos! y quita la careta del hipócrita que encubre su ambición bajo justicia demagógica.

Grito ¡paz!, pero no hay quien responda. La corrupción me ha robado una respuesta. La violencia ha destrozado mis sonidos. Un puñado de letras impresas, jamás podrá parar la guerra.

Que me perdone Dios si no le encuentro. Que me perdone Dios si no le oigo. Le he buscado afanosamente sobre las calles destrozadas, entre la selva pisoteada, y cada vez crece más esta duda angustiante que me agobia.

¿Dónde?
¿Dónde ha estado Dios últimamente?

Si alguien lo encuentra, hágale llegar este mensaje, en calidad
de urgente.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

43 preguntas, 4 gritos y todo el dolor de la noche (fragmento)


En homenaje a los estudiantes de Ayotzinapa.


No hay tiempo.

Quiere amanecer aquí en Guerrero.

Quiere repuntar el alba, desde Omeapa hasta Atoyac, primeros rayos; desde Tixtla a Xalpatláhuac, primeras formas; de Rancho Ocoapa a Tecomatlán, colores tiernos; desde el Ticuí hasta Tecoanapa.

Aquí, que nos falta de todo, y encima nos faltan ahora cuarenta y tres almas.

Se corta la leña, sin ellos, se remoja la masa, se calienta el frijol. Se vierte el café de olla y en una silla vacía se sienta con todos a desayunar el dolor.

El papá de alguien sale sin hijo a darle de comer a sus animales. Recuerda sus pasos detrás de él, cargando el maíz para los pollos, el desperdicio para los marranos. Está todavía oscuro, y se detiene, regresa la vista, y cree mirar su silueta y su sonrisa. El papá de alguien continúa en silencio, caminando sin hijo que le ayude a darle de comer a sus animales.

La mamá de alguien enciende el ocote del anafre. Piensa y piensa. Prende las brasas. Echa las tortillas. Piensa y piensa. Muele la salsa. Hierve los frijoles. Ahí está su hija, su otro hijo, les sirve en platos de plástico para que no se rompan. Piensa y piensa. La mamá de alguien se hace un taco de frijol con salsa, lo envuelve, se lo lleva a la boca, lo mastica con trabajo. ¿Dónde está su hijo? ¿Pasará hambre? ¿Por qué ella sí come? La mamá de alguien, deja a un lado el taco, casi intacto, no puede comer, la incertidumbre le aprieta la garganta. Piensa. Y piensa.

La esposa de alguien se despierta. Acaba de soñar con él. Clarito miró su cara, sonriente, diciéndole que ya no llore. La esposa de alguien piensa “iré a casa de mi suegra a contarle del sueño”. Luego cierra los ojos, intentando dormir para soñarlo de nuevo. La esposa de alguien que no está, no consigue dormir otra vez, pero recuerda, y se abraza al recuerdo del sueño.

La ausencia.

El agujero del dolor, hondo y sin fondo. Los recuerdos que sin querer se esfuman. La negación. El silencio. Con eso se tiene que forjar la vida. Con eso tiene que arrastrarse uno de una hora hacia la otra. La Muerte, no. Ésa, la alejamos a patadas. Aquí la muerte se chinga porque no es bienvenida.

La incertidumbre.

La boca cerrada. La sonrisa burlona de las autoridades. Ya sabemos que no les importamos y nos hemos acostumbrado a vivir sin su ayuda. Tenemos dos manos y dos pies y una cabeza. Podemos trabajar. No necesitamos al pinche gobierno de ladrones. Pero que no nos traten como basura, que no nos mientan. Que no nos hagan vivir en este laberinto de verdades a medias.
Una niña que apenas aprendió a caminar abre la puerta. Sale a la calle y grita: ¡Papá! Después de un rato de silencio, se sienta en la banqueta a mirar el amanecer. Es muy pequeña, y ya sabe quién le falta. Ya sabe que no se pide permiso para gritar. Que nadie le va a responder. Y que cada día, el sol va a llegar sin alguien. Una niña sin padre está aprendiendo a convivir con la ausencia… y con la rabia.

Quiere amanecer, y todavía no han regresado. Por ahí se escuchan los primeros pasos del sol detrás del monte, pero viene sin nadie. Las cigarras salpican de chirridos las sombras, y los gallos lejanos, delatan al nuevo día que se aproxima. Disimuladamente, la noche se va diluyendo en el viento. Un coyote camina entre piedras oscuras, las desgaja y algunas ruedan loma abajo. Nadie lo ve, más que la luna, con su sonrisa blanca petrificada. Quiere clarear, ya está el sol escondido detrás del cerro. Ya está ahí agazapado con todas las horas resplandeciéndole en las manos. Se va a asomar, ya quiero que lo haga, tengo la esperanza de que no venga solo. Quiero que venga con ellos. Quiero que los venga arreando desde la ausencia. Que se acabe ya esta larga oscuridad del alma. Verlos marchando y cantando, de regreso. Como si nada. Como si no se nos hubiera ya cerrado la garganta de tanto gritar sus nombres. Por las calles, por el metro, por los pueblos, por el internet, hacia adentro con rabia y hacia afuera esperando un eco de algo. Algo de algo que sea un sonido que rebote en la conciencia de alguien.

(Fragmento del poema: 43 preguntas, 4 gritos y todo el dolor de la noche, de Isis Estrada).



miércoles, 6 de junio de 2018

A consciencia


Cuando el golpe de carne
trituró mi cráneo
y una marioneta ósea
se estrelló contra la roca,
y el aullido que sonó como trompeta del dolor
de madrugada,
renegué del cuerpo,
me quité la piel de lo sintiente y anduve un rato,
entumecida,
sin sufrir, sin lacerarme, sin punzada,
pero al poco tiempo extrañé la caricia,
el certero alivio del abrazo,
y el húmedo abandono de los besos,
así que recogí mi cuerpo para ponérmelo de nuevo
encima de un crujido de huesos fríos.

Renegué también de mis emociones,
de mis sentimientos,
después de llorar orfandades de ternura
bajo estruendosos silencios,
de vivir al desamparo de egoísmos atroces,
y de rezar deseando
que existiese la esperanza.
Y por un tiempo, no viví infeliz.
Lo confieso.
Pero sólo por un tiempo,
porque el ansia de sentir el alivio del amor
sobre las grietas del alma,
y de encontrar un espejismo de afecto
en este inacabable camino desértico,
me devolvieron el latido, la estocada y el gemido.

La mente me llevó a encrucijadas
donde tomar la vía del rencor fue vuelta fácil.
Traté mil veces de explicarme lo que simplemente,
y sin razones, es.
Visité a menudo los recuerdos y sus palabras,
levanté a los muertos del pasado para interrogarlos,
a que me dijeran versiones de las mismas mentiras,
y decidí no pensar.
No pensar.
Y sólo entonces llegó el olvido.

* * * * * * * * * *

(Poema de Isis Estrada, 2018)

miércoles, 16 de mayo de 2018

Telepatía


Quieres aprender a transmitir el pensamiento
y yo me pregunto...
¿con qué propósito?
¿Buscando algún fin superior?
¿En beneficio tuyo y de los demás?
Un pensamiento de amor se evoca como un perfume delicado
Un pensamiento destructivo apesta tanto al emisor como al receptor
¿Lo deseas por entretenimiento?
¿Deseas la telepatía para sentirte superior, o lograr una ventaja sobre los demás?
Sin tiempo, ni espacio, el pensamiento puede ser paloma o ave de rapiña
aunque el cosmos sabiamente le rompe las alas a los buitres
aunque el cosmos crea vientos propicios para las gaviotas.
Si tu pensamiento es puro y busca la verdad
si tu pensamiento es noble y está dotado de amor
derrámalo como agua clara en los océanos del cosmos
y éste llegara a su destino
seguramente, 
como un mensaje divino
sellado con un beso.

lunes, 19 de febrero de 2018

Esta noche

Cuéntame, amiga noche, tus más íntimos secretos. Vuélvete taciturna, aminora tus sonidos, y percibiré en tu quietud los ecos de mi pasado. Entre la bruma nocturna bosquejaré fantasmas, pretéritas figuras.

¿Es acaso esta noche, como aquella de mayo? El viento giraba por nuestros cuerpos con el gélido aliento que exhalaba la montaña. El silencio nos circundaba, y podía percibirse el latido gigante de la Madre Tierra. El cervatillo, vagabundo del bosque, detuvo su carrera; y pájaros invisibles contuvieron su canto, en cómplice respeto. El silbido del aire dejó de serlo para resbalarse como frío arrebol de nuestras mejillas. Estábamos solos, si es que la soledad cabe en la unión de dos almas. Yo podía cerrar los ojos y sentirte vibrar al tocarte las manos. La luna, bajo el negro techo nocturnal, era farola perfectamente redonda donde brillaban nuestros deseos. Miré tus pupilas, donde vi reflejarse las luces de la ciudad centelleando a lo lejos. En el espejo de tus ojos, por primera vez, vislumbré el aspecto de mi propia faz. En esa noche de calma y penumbra, supe que era el momento de entregar mis ilusiones, bajo el influjo de un beso.

¿Es acaso esta noche como aquella de mayo?

Hoy el viento no es frío ni gira por mi cuerpo, es brisa caliente y húmeda, se adhiere a mi frente con sudor bochornoso. No hay silencio enigmático, sólo sonidos lejanos de transeúntes y carros. Hoy no salió la luna bajo este cielo nublado, cúmulos grises inhiben sus plateados rayos. Eta noche no es como aquella. Esta es tristemente mundana, vulgar, corriente, ordinaria, donde la soledad me aqueja las fibras íntimas del alma.

Si yo pudiera escuchar una vez más tus palabras, sentir caer sobre mí una vez más tu mirada. Volver a recorrer, con estas manos de caricias congeladas, la tibia curva de tu espalda. Pero no, esta noche es distinta, es ahora cuando sufro metro a metro la distancia, cuando me deslizo segundo a segundo por el tiempo que pasa. ¡Estoy tan lejos y sola! ¡Sin tí, no sucede nada!

Cuéntame, amiga noche, las historias que te guardas. Yo te contaré la mía, breve, triste y complicada. Pero déjame escuchar, en tu penumbra mágica, cómo repiten mi nombre los ecos de una voz lejana.

(Copyright Isis Estrada, 1989)

sábado, 27 de enero de 2018

Un nuevo día



Abro los ojos, extiendo mi mano

para saber que estás a mi lado,

en mi vida y en mi cama,

en el pasado que mira desde las fotos sonrientes,

en el recuerdo que observa desde cada objeto

de esta recámara en la que existes, permaneces

en cada olor a noche húmeda y vibrante,

en la grieta desde la cual un futuro nos espera,

sin ninguna prisa,´

porque tendremos todo el tiempo del mundo

para no alcanzarlo.



Me gusta tu presente y el mío, que son el mismo,

son el instante del encuentro sin espacio o tiempo

porque tú vives mi existencia,

mejor dicho la sufres,

y yo permanezco aposentada en tu materia

transito tus rincones mentales

me instalo en cada centímetro de carne,

inquilina de tu alma,

soy en ti, te habito.



Aquí ya estás, despiertas sin sobresaltos,

emerges desde las aguas del sueño,

y yo te amparo ahora como náufrago en el puerto;

te recojo en esta orilla que suelen llamar

“el mundo de la materia”

y yo lo nombro el reino del dolor

del egoísmo o el llanto.

Te recibo al nuevo día con la única esperanza

de un beso suave

y el regalo inesperado del amor,

esa humilde emoción

que sentimos los poetas, los trovadores,

los místicos, los perros,

los malvados que aún recuerdan sus quimeras,

los presidiarios que añoran a sus hijos,

y el anciano que evoca incurable los ojos

del amante ausente.



Esta mañana te amo como el sol,

con un amor brillante, inoportuno.

Esta mañana me amas como el viento,

me recorres, cálido, revolviendo emociones y sentidos.

El futuro, que siga esperándonos que al fin y al cabo

en el presente te amo, vibro… vivo.



(© Isis Estrada. Escrito en 2008. Corregido en 2018)


viernes, 26 de enero de 2018

Isis

No hay más misterio.
No diosas legendarias,
no cantera ni barro,
no sonrisa hermética,
no papiro y silencio.

Soy lo que soy,
esta carne y este nervio,
penitencia de vivir
crucificando los sueños,
amortajando palabras,
hundiendo clavos en cada uno
de mis treinta y seis misterios.

Por querer volar, me volví transparente,
para ser transportada, como la lluvia.

No puedo esconder ya nada,
se escapa todo sin querer,
como gemido bajo la almohada.

Por no quedar inmóvil, como los muertos,
me dediqué a la danza;
en cada giro busco la espiral
que conduce hasta el supremo bien,
escalera al nirvana.

Por no llorar a gritos,
puse poesía a mis palabras,
para no herir los oídos ajenos,
con mis fantasmas, las garras.

Por descubrir mi femineidad,
quedé desnuda, desde edad temprana,
(lo que es peor: desnuda del alma)
de lo vulnerable de mi ser expuesto
descubrí la fortaleza que exuda mi ánima.

Por eso te digo,
las diosas no tiemblan, las diosas no sueñan,
ya no hay misterio, tumba cerrada,
estatua de piedra que la arena decanta.

Sólo soy lo que ves,
hembra, sudor y lamento.

Una esencia de mujer que llega
desde el fondo de los tiempos…



(© Isis Estrada. Escrito en 2008. Corregido en 2018)






Una loca, un tango y el silencio...

La hora cero ha llegado. Se levanta ante mí el telón álgido de la
incertidumbre. No sé si hay preguntas que responder. No sé si existe el
futuro: aún no lo han tocado mis dedos. En este lugar he caído, donde
sólo se escucha el latido de un corazón.

Y el silencio...
el silencio...
el silencio...

Voces lejanas penetran mis muros. Un serpenteante dolor devora
mis entrañas. Dentro. Muy dentro. Un sonido de gotas incesante, es mi
pensamiento. Y una sensación de frío acompaña mi soledad.
Estar sola.
No poder gritar.
El dolor del silencio.

No sé si ésta es la hora cero. El Ser Omnipotente de las Alturas, no
concede la gracia de saber algo. Puede ser la hora uno, o la mil, o la
quinientas, pues el sonido del respirador se lleva arrastrando el tiempo.

Lo único que puedo decir es que este momento es mío. Invariablemente
mío. Es mi hora de sobrevivir. Para vencer al silencio, ese maldito
espectro que vence mis oídos, mis movimientos, mis sonidos.

¡Enciérrenme aquí, pongan un candado y tiren la llave!
Entiérrenme viva. Mutilen mis piernas, mis orejas. Sáquenme los ojos.
Pero no me dejen sin voz. Sin voz. Llorar, gritar, exhalar con fuerza el
sonido que me hace sentir viva. Este no es el final, lo aseguro. Este no
será el triunfo del silencio. Luchar, agarrarme a mí misma. Recobrar lo
poco que soy, y seguir adelante. No. Definitivamente ésta no es la hora
cero. ¡Esta es la hora de mi renacimiento!

Los locos no creemos en el silencio.

¡Escuchen todos! ¡Hoy gritaré la historia de mi existencia!

Bajaré de un brinco de la cama y me levantaré sobre el maldito silencio... con
toda la fuerza de lo poco que soy y que he sido.

Hoy me rebelo contra mi desgracia...

¿Quién me lo impide?
¿Quién me lo impide?

(© Isis Estrada. Escrito en 1997. Corregido en 2018)


jueves, 25 de enero de 2018

La Gente y las Personas

No me gusta la gente. Me gustan las personas. Ambas afirmaciones para mí son válidas, conviven y no resultan paradójicas.

No me gusta la gente, así, conglomerada en un todo únicamente mórfico. La gente que se mueve junta, que se cohesiona. No me gusta "la gente" que voltea acoplada hacia un lado y hacia el otro, que opina lo mismo, que se monitorea la "gentidad" que son iguales pero que nunca se preguntan: ¿iguales a qué? No me gusta la gente que se siente gente, que está satisfecha de saber que es gente, que su misión en la vida es ser... gente. No me gustan los parámetros para medir a la gente, para contar a la gente, para agrupar a la gente. No me gusta la gente que mueve a la gente. No me gusta mirar a la gente siendo gente. No me gusta mirar a la gente mirándose ser gente.

En cambio...

Me gustan las personas. Me gusta la persona. Me gusta su tridimensionalidad, su complejidad. Me encanta su esplendor único, el diseño unipersonal de cada ser y cada alma. Me siento cómoda con las personas, me gusta saber de sus luchas, de sus miedos, de sus triunfos. Navego en el mar de los enredos de las personas, por que en ello descubro los entresijos de mi propio ser. Con las personas cabalgo, y si nos caemos del caballo, nos levantamos. Nos reprendemos. Nos festejamos. Nos aprendemos. Me gustan las personas con sus fallos. Los oficinistas, los panaderos, las criadas, los herreros. Buenos, malos, pintos, con pie de atleta, con perfume. Me gustan las personas. Los detectives, los narcos, los santos, los papas, los hackers, las ficheras, los mendigos, los millonarios, los que suben, los que bajan, y hasta los que se mantienen en la inercia.

Me gustan las personas, porque eso es lo que soy. Ni más, ni menos.

Y la gente... no gracias.

Cáncer

Permite que éste sea mi documento,
que con estas medias palabras
expulse mis pedazos muertos.
Exorcizar la pena,
verbalizar la palabra que vibra en el ambiente.

Todos sabemos, tú sabes,
y nadie se atreve a pronunciar su nombre.
Es algo grande y escurridizo,
viscoso, intangible,
pero atemorizadoramente presente.
Su presencia nos llena el pensamiento y baja,
ahogando nuestro cuello directo al corazón.

Es algo que llevamos a cuestas,
en la penosa tarea cotidiana,
algo que debemos esconder de la mirada furtiva
y la furtiva lágrima.

Es temor que no se dice,
suspiro que se calla,
grito que se gime.

Es algo que es más que tú y yo, y que nosotros,
los que estamos contigo en tu sufrimiento.

Es algo que nos da pena nombrar,
que nos da miedo nombrar
porque entonces cobra sonido y existencia,
se vuelve tiempo y realidad:
sonido y letras.

"Mi problema", como tú le dices.
"La enfermedad", decimos los otros.
Cuando en realidad se trata de una palabra más dura,
más contundente,
más cruel y rápida y segura,
para quien la padece.

Quiero decirla y no puedo,
como si no debiera creer,
como si pudiera volverme loca
y caer en un pozo de felicidad ficticia,
de ¡No, no, no es posible!

Como si quisiera irme carcajeando,
trastabillando
en medio de mi tontería loca de negar esto que pasa,
riendo y cayendo,
como el que está borracho de certeza,
como el que delira.

Pero no,
entonces regreso y te veo aquí,
unida a los tubos que salen de tu vena
y de tu cuerpo.

La realidad me arrastra al aquí,
al ahora,
a esta habitación sin ventanas para el espíritu,
y entonces me doy cuenta
de que yo soy el tronco de tu naufragio.
(¡Agárrate de mí,
yo trataré de agarrarme de las faldas de Dios!)

El eterno enjambre de enfermeras,
a mitad de la noche,
parloteando del amor,
de la telenovela estúpida tan lejana de ti y de mí,
tan lejana de todo lo terrible
y básica
que se ha vuelto tu vida.

Básica y primaria se ha vuelto tu cotidianeidad,
como si fueras una recién nacida.
Como si apenas hubieras abierto los ojos
a tu nueva vida.

(© Isis Estrada. Escrito en 1995. Corregido en 2018)

miércoles, 24 de enero de 2018

A mi maga favorita: Ursula K. Le Guin

Ya te fuiste. Y mientras te tuvimos, se abrieron tantas puertas dimensionales que nos transportaron a otras comarcas, donde los dragones, la magia y los hechizos eran lo común y lo corriente. Al final, descubrí que hablabas de nosotros, los seres humanos, de nuestro mundo interior, de nuestras sombras y potencial. De ti entendí que no necesitamos magia, ni conjuros para ser poderosos: sino aceptar la oscuridad propia para transmutarla, y así, alquímicamente, transformarnos en algo mejor. No nos persigue nadie sino nosotros mismos, sino el ansia perenne de llegar a ser mejores humanos.

Úrsula, tu barca te esperaba, y finalmente la abordaste. En mi imaginación te veo: ya arribaste a Terramar.


Cantar Bohemio

Soy bohemia. Porque sólo necesito una noche de viento y unas notas de guitarra para ser feliz. Porque al caer la tarde, mi alma se reviste de coraza blanda y me hace presa de sentimientos hondos y
vibrantes.

Soy bohemia. Porque sólo necesito papel y lápiz para desarraigar penas lacerantes que embotan mi espíritu. Porque soy esclava del impulso loco de volcarme en un abismo de letras y lágrimas, de rimas y desvarío.

Soy bohemia. Porque en el mar me gusta sentirme a mis anchas. Sentir como la brisa va golpeando mi cara, cuando mis pies desnudos recorren la playa. Porque me he vuelto hermana de la luna, confidente de todas las estrellas, que son mudos testigos de mis noches profanas, y nobles espejos de mis noches santas.

Soy bohemia, porque con el llanto de una copla lastimera, dejo escapar mis lágrimas. Porque encuentro mi hogar, en los cantares de mi tierra amada. Porque encuentro en el vaivén de la "chilena" el sonido rítmico de la Costa Chica, el canto de una madre, la voz de los amigos de antaño, el alma de mi pueblo, mi raíz nunca olvidada.

Como todo bohemio, sufro de pasión inconclusa, de amor imposible, de amor inconfeso. Porque desgarro mi vida al rasgueo de una guitarra, y paso las noches en vela, sólo para recordar su cara.

Soy bohemia. Porque la pluma me tiembla, porque un torrente de palabras me brotan con cada noche estrellada, y en un puñado de versos dejo empeñada el alma.

Soy así. Porque el efecto que siento ahora no sé si será extraño brebaje, o es simplemente el amor que va pasando a mi lado. Porque este afán de locura que siento, es solamente síntoma de bohemia
incurable.

Porque me gusta reunirme con mis hermanos del alma, para llorar versos, para declamar llantos. 

¡Soy Bohemia y bien lo digo! ¡Como que soy de la Costa Chica, costa brava! 

¡Como que llevo en la sangre el brío romántico de mi raza!



(© Isis Estrada. Escrito en 1987. Corregido en 2018)


Indulto

Que yo no tengo la culpa si tengo la piel morena, si he nacido en la Costa, y fluye caliente la sangre por mis venas. La culpa la tiene el Sol, glorioso astro que desde niña me quema, y este divino paisaje de mar, que arrebata mis poemas.

Me gusta sentir el trópico bronceando mi espalda, y un calorcito rico, poniéndole brío a lo que yo haga. Me gusta el rumor a playa, el sabor a sal, trotar por la arena. Por cada uno de mis sentidos sentirme enteramente acapulqueña.

No es culpa mía, si ostento la bravura de una fiera, cuando a defender se trata la felicidad que me queda. Si llevo dentro de mí un estallido de olas, que prefieren reventarse, a abandonarse en la arena.

Discúlpenme si soy demasiado libre, si peco de emancipada, si soy pronta a escapar con mis ideas liberadas. Pero es que siendo una niña, me acostumbré a ser gaviota, a desplegar fácilmente mis alas, a zurcar el cielo de mis sueños.

No es mi culpa, tampoco, si paso veladas enteras encandilada entre luces de bohemia. Es culpa de la luna, y de esas noches de brisa, cuando trato de agotar la copa de la vida aprisa. Ansias locas de olvidar lo que no puedo, arrastrándome en la angustia del bohemio, como fuerza que me obliga a trasnochar.

No es culpa mía no poder huir de cada uno de mis sueños. Perseverante y dura, como roca tenaz. Mujer ardiente y fría, soy como espuma nívea encorazada en cristal.

Soy hija de esta tierra fértil donde brotan fecundas mis ideas. Llevo impreso en mí el lenguaje oculto de la Costa; el mensaje que grita el trópico con sus olas. 

Si soy bravía, si soy agrestemente libérrima, si soy un poco gitana, definitivamente... ¡No es culpa mía! 

Es que soy genuinamente Acapulqueña.


(© Isis Estrada. Escrito en 1989. Corregido en 2018)


martes, 23 de enero de 2018

La Tarde es Viento

La tarde es viento,
agua clara del aire mojando ideas
olas como rizos, marea que llega
hasta el puerto seguro de una tristeza.

Mi cuerpo cimbra como un árbol
acariciado por fieras intemperies,
aliento de los dioses recorriendo
como estatua de arcilla, me erosiona el tiempo.

Sola yo contra una ráfaga de sentimientos,
¿puedo ser recipiente para este viento?
encerrar los suspiros,
acaparar los soplos,
ser abanico de sutiles, fútiles misterios.

Cae un pedazo de aire sobre mis palmas,
como pájaro herido que llega a su nido,
aire exhalado en quizás ciertas palabras
dulces: nuca, salto, boca, pestaña, niño.

La tarde es una lucha de campanas
que rebotan entre sí, escapando gritos;
es un viento como fuego abrasando mi cara,
es un duende jugando escondidillas
con mi vestido.


La tarde es tormenta de aire sobre este valle,
serpentina invisible de una fiesta arcana,
es el viento, exhalación del campo al terminar su faena,
es la tarde, sombra deslizándose desde las montañas.

La tarde es viento…
es suspiro de Dios,

y aroma de su pensamiento…



(© Isis Estrada. Escrito en 2008. Corregido en 2018)


Nicanor Parra

Hoy pasó por su transición el gran poeta anti-poeta Nicanor Parra. Autor de parranda larga, en esta extensa juerga llamada vida, nos convidó de tragos exquisitos para emborrachar el lenguaje y embriagar el alma. Más de un siglo de Nicanor, de una Parra que nos dio buen vino. A continuación dejo los poemas que más me gustan del más que centenario bardo. Y cada vez que lo leo, hago exactamente lo que a él no le gustaba: lo entiendo.



REMOLINO INTERIOR

Me gusta que no me entiendan 
y que tampoco me entiendan, 
camisa de seda tengo, 
pero también tengo espuelas. 

Si digo que yo te quiero 
no es cierto lo que dijera, 
y acaso no te saludo 
no es cierto que te aborrezca. 

Cuando recorro la plaza 
me gusta que no me entiendan, 
pastillas de menta compro 
para corretear la pena. 

Voy a sentarme a la plaza 
de pena, de pena, pena, 
y acaso a la plaza llego 
la plaza, plaza me alegra. 

Si digo que por las piedras 
circula una voz de seda, 
quiero decir que en el río 
me bebo la luna llena. 

Y como quiero que nadie 
sepa lo que me interesa 
me pongo a amansar potrancas 
celestes sobre la arena. 

Y como Chile es mi fundo 
me gusta seguir la cueca, 
con una chaqueta corta 
y un pañuelito de menta. 

Al viento lo voy siguiendo 
con un chicote de abejas, 
el viento, viento se esconde 
detrás, detrás de las puertas. 

Si vendo a mi negra vendo 
todo lo que a mí me queda, 
pero la vendo y la vendo 
para que nadie me entienda. 

Y acaso quiero que nadie 
me pida mi yegua yegua, 
le digo que si es de noche 
se asusta de las estrellas. 

Y acaso es de día claro 
se asusta de las espuelas, 
yo quiero que nadie entonces 
me entienda ni que me entienda. 

Cuando me subo a los árboles 
es luna mi calavera, 
me gusta, me gusta, gusta, 
me gusta que no me entiendan. 

Pero hablando en serio serio 
que nadie me niega niega 
que cuando subo a caballo 
me pongo mis dos espuelas.



ADVERTENCIA


Yo no permito que nadie me diga 
Que no comprende los antipoemas 
Todos deben reír a carcajadas. 

Para eso me rompo la cabeza 
Para llegar al alma del lector. 

Déjense de preguntas. 
En el lecho de muerte 
Cada uno se rasca con sus uñas. 

Además una cosa: 
Yo no tengo ningún inconveniente 
En meterme en camisa de once varas. 



LA FORTUNA


La fortuna no ama a quien la ama: 
Esta pequeña hoja de laurel 
Ha llegado con años de retraso. 
Cuando yo la quería 
Para hacerme querer 
Por una dama de labios morados 
Me fue negada una y otra vez 
Y me la dan ahora que estoy viejo. 
Ahora que no me sirve de nada. 

Ahora que no me sirve de nada. 
Me la arrojan al rostro 
Casi 
como 
una 
palada 
de 
tierra... 




TIEMPOS MODERNOS


Atravesamos unos tiempos calamitosos 
imposible hablar sin incurrir en delito de contradicción 
imposible callar sin hacerse cómplice del Pentágono. 
Se sabe perfectamente que no hay alternativa posible 
todos los caminos conducen a Cuba 
pero el aire está sucio 
y respirar es un acto fallido. 
El enemigo dice 
es el país el que tiene la culpa 
como si los países fueran hombres. 
Nubes malditas revolotean en torno a volcanes malditos 
embarcaciones malditas emprenden expediciones malditas 
árboles malditos se deshacen en pájaros malditos: 
todo contaminado de antemano. 


TEST


Qué es un antipoeta:
Un comerciante en urnas y ataúdes?
Un sacerdote que no cree en nada?
Un general que duda de sí mismo?
Un vagabundo que se ríe de todo
Hasta de la vejez y de la muerte?
Un interlocutor de mal carácter?
Un bailarín al borde del abismo?
Un narciso que ama a todo el mundo?
Un bromista sangriento
Deliberadamente miserable
Un poeta que duerme en una silla?
Un alquimista de los tiempos modernos?
Un revolucionario de bolsillo?
Un pequeño burgués?
Un charlatán?
un dios?
un inocente?
Un aldeano de Santiago de Chile?
Subraye la frase que considere correcta.

Qué es la antipoesía:
Un temporal en una taza de té?
Una mancha de nieve en una roca?
Un azafate lleno de excrementos humanos
Como lo cree el padre Salvatierra?
Un espejo que dice la verdad?
Un bofetón al rostro
Del Presidente de la Sociedad de Escritores?
(Dios lo tenga en su santo reino) 
Una advertencia a los poetas jóvenes?
Un ataúd a chorro?
Un ataúd a fuerza centrífuga?
Un ataúd a gas de parafina?
Una capilla ardiente sin difunto?

Marque con una cruz
La definición que considere correcta.


LA POESÍA TERMINÓ CONMIGO


Yo no digo que ponga fin a nada
No me hago ilusiones al respecto
Yo quería seguir poetizando
Pero se terminó la inspiración.
La poesía se ha portado bien
Yo me he portado horriblemente mal.

Qué gano con decir
Yo me he portado bien
La poesía se ha portado mal
Cuando saben que yo soy el culpable.
¡Está bien que me pase por imbécil!

La poesía se ha portado bien
Yo me he portado horriblemente mal
La poesía terminó conmigo.



CAMBIOS DE NOMBRE


A los amantes de las bellas letras
Hago llegar mis mejores deseos
Voy a cambiar de nombre a algunas cosas.

Mi posición es ésta:
El poeta no cumple su palabra
Si no cambia los nombres de las cosas.

¿Con qué razón el sol
Ha de seguir llamándose sol?
¡Pido que se llame Micifuz
El de las botas de cuarenta leguas!

¿Mis zapatos parecen ataúdes?
Sepan que desde hoy en adelante
Los zapatos se llaman ataúdes.
Comuníquese, anótese y publíquese
Que los zapatos han cambiado de nombre:
Desde ahora se llaman ataúdes.

Bueno, la noche es larga
Todo poeta que se estime a sí mismo
Debe tener su propio diccionario
Y antes que se me olvide
Al propio dios hay que cambiarle nombre
Que cada cual lo llame como quiera:
Ese es un problema personal.






lunes, 22 de enero de 2018

Te Amo

No diré "te amo". Porque al toparme con el pétreo muro de tus ojos, mi boca adquiere el mutismo de una tumba. Porque en la galera fría y en tinieblas de tu alma no existe eco para palabras bellas.

Jamás diré "te amo". Porque tu desamor congeló las palabras en mis labios, y mi silencio será reflejo del tuyo. Palabras de amor que de no escucharlas, ha borrado mi memoria. Bésame simplemente, y siente temblar mis labios al acercarse a los tuyos.

Bésame, pero no esperes oír palabras de amor. Aunque en la soledad de la noche, un poder irrefrenable me impulse a saltar sobre tu esencia, seré lo suficientemente fuerte para detenerme. Porque jamás me oirás decir "te amo". Porque, dócilmente, dejaré que el silencio se apodere de mí y me envuelva en su tensión enloquecedora.

Pero jamás sabrás que te amo. Quizá me asalte el valor cuando vea que te alejas, entonces, tal vez sienta el deseo loco de correr hacia ti ¡y mandar todo al diablo! Pero, como siempre, entonces me detendrá el pétreo muro de tus ojos.

Quizás ya no tendré jamás mañanas de viento, ni podré contemplar contigo el brillo del mar al mediodía. Quizás no podré jamás acariciar tu cabello, no ver en tu mirada un brillo fugaz. Quizás al recordarte, una rebelde lágrima escape de mis ojos.

Te dejaré partir, pero jamás diré "te amo". Es tu silencio ensordecedor quien me da la fuerza para callar. No diré que te amo, porque jamás me quisiste, porque sólo fue un juego de niños tontos que aún no saben qué es el amor.

Quizá al saberte lejos me arrepienta... ¡Pero no diré que te amo! Así me quede sola para siempre. ¡Qué más da! Sola siempre he estado. Será mejor borrar las palabras de amor de mi vocabulario.

Porque jamás diré que te amo. Y cuando tomes tu camino, cuando te pierda completamente, cuando encuentres otro rumbo y gente diferente, escucharás mi voz perdiéndose en la noche, diciendo: Te Amo.

(© Isis Estrada. Escrito en 1988. Corregido en 2018)


Oceánica

El mar me reclama. Exige mi retorno. Oigo los gritos en sus olas, precipitándose en las rocas y repitiendo, como afirmación frenética, mi nombre. Yo sé cuál es mi sino. Aunque intentara negar la naturaleza de mi origen, la humedad de mi cuerpo me delata. El mar me reclama.

En el momento de mi nacimiento, el trópico posó sus manos ardientes sobre mi cuerpo. Pero, más que burdas cicatrices, llevo el tatuaje de unos dedos que me llaman a pesar de la distancia, que se alargan hasta alcanzarme cuando menos lo espero, que se enroscan en mí con la firmeza de un dueño.

Me alejé de la Costa buscando el motivo de mi existencia, pero finalmente descubro que no soy más que una niña-caracola, no soy más que un pez tirado a las faldas de un gélido volcán. Mi voz, es el eco de un murmullo de olas inquietas. Sólo soy una gaviota extraviada en cielos extraños.

El mar me reclama; siento su grito pretérito, reventando en mis oídos con la energía de un mandato
violento, exigiendo el retorno de la gota evaporada. ¿Quién soy yo, sin el atardecer enrojeciéndose en mis venas, sin la brisa humedeciéndome el aliento?

Necesito fundirme entre las aguas, diluirme en el azul fuerte y salado, esparcirme entre la cálida corriente. Que el océano seduzca con sus besos de viento mi cabello, que mancille mi piel con su rayo ardiente.

La vida no me pertenece, El mar me reclama. Ha quedado mi alma sometida entre la arena caliente. El espejo de lumbre de sus aguas ha atrapado mi imagen. 

¿Qué soy yo en estos gélidos lugares? 

Un trozo oceánico perdido en cualquier parte, un cadáver invadido por el musgo, un pedazo de sol, que ya no arde.

(© Isis Estrada. Escrito en 1990. Corregido en 2018)


lunes, 6 de noviembre de 2017

Recuperar la inspiración

La vida se vuelve de pronto una cadena interminable de intentos de sobrevivencia. Ganarse el pan, adaptarse a los cambios, salir ileso del embate de los malvados, levantarse de las caídas, planear, resolver... en fin. Todo eso distrae los segundos de un tiempo de vida irrepetible. Y caemos en el riesgo de llegar al punto final sin nada más que una existencia basada en sobrevivir.

¿Y los sueños?
¿Y los planes de cambiar al mundo?
¿Y la idea de lograr la felicidad?

Callemos al cerebro, ese gran parlanchín que llevamos cual jinete en la cabeza. Callémoslo, y escuchemos al resto del cuerpo. Respiremos. Recuperemos la inspiración. Permitamos que una ola de aire -que quién sabe que parajes ha transitado hasta llegar a nuestras narices- nos inunde por dentro. En ese aire está la vida, y al inspirar, nos inspiraremos.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Día de la Rabia

¿Qué se supone que debemos festejar los mexicanos hoy, 15 de septiembre del 2017?
¿La independencia?
¿La libertad?
Si somos dependientes y víctimas de la impunidad que impera en nuestro país.
Si no somos libres, sino esclavos de la delincuencia y el crimen.
Hoy es el día de la rabia para todas las niñas, mujeres y ancianas de este país.
Ejemplificado en el caso de la adolescente Mara Fernanda Castilla, privada de su libertad y después encontrada asesinada, se encuentra el caso de todas las mujeres que en este país sufrimos de misoginia y violencia de género en todos sus grados y variantes.
No somos libres. No somos independientes. No somos respetadas.
Por el contrario, somos susceptibles al abuso, y a la violencia. Sólo es cuestión de que a alguien, con ganas y capacidad de hacer daño, así lo decida. Las mujeres salimos a las calles, y organizamos nuestras vidas aguantándonos el miedo, y cada vez que regresamos a casa intactas, nos consideramos con suerte.
No vive México.
No puede vivir con tanto odio que a nosotras nos está aniquilando.
No puede vivir con tanta idiotez, con tanta ignorancia, con tanta violencia.
Hoy no hay grito, sino un aullido tremendo de rabia.
Un dolor familiar, porque en Mara Castilla, todas las mujeres de México reconocemos a la hija, a la sobrina, a la vecina, a la ex-alumna, a nosotras mismas cuanto teníamos 19 años y tantos sueños por vivir.

No vive México, muere.
Y eso no merece ningún festejo.

(Isis Estrada).

lunes, 10 de julio de 2017

Amor y Miedo

AMOR Y MIEDO
Poema de: Isis Estrada.

Lo contrario al amor no es el miedo.
Es el bramido en coro de los ciervos heridos.
Es el vacío
en la mirada muro de los desahuciados.
Más que silencio,
es la palabra falsa.
Es cuando alguien te pone un precio.
El que no ama
es una bestia moribunda
ciega y sorda
que intenta paliar a gritos el dolor del alma.
Lo contrario al amor
es la brutal consciencia,
fría como la recta de la daga
del que daña.
El que no ama,  no tiene miedo.
El que no ama, pone el ojo en la víctima, y dispara,
con un movimiento limpio
mata.
El que no ama, tiene un universo a su disposición
y no lo habita,
pero, sin miedo, sobre una piedra embarrada de mierda
-que necesita llamar hogar-
se siente el rey y se relaja.
El que ama, en cambio, lleno de miedo se da cuenta
que no necesita nada.
Que puede caminar en medio del fuego
con el temor crispándole el alma
y salir ileso o chamuscado
pero seguir siendo el mismo:
el que ama.
Lo contrario al amor es lo finito,
lo efímero, lo fútil,
lo perecedero.
Porque amar te hace eterno.
El que ama no puede imaginar dejar de amar.
Así,
lo contrario al amor no es el miedo,
sino el tiempo.
El que ama va derribando el tiempo
jadeante, aterrorizado.
Porque se puede amar con miedo
y continuar avanzando así hacia la oscuridad de lo no creado.



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Poema registrado. Copyright Isis Estrada 2017.
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Arte: Arthur Rackham